Cuando menos te lo esperas

En aquella época me encontraba prácticamente anclada a tierra. Si bien es cierto que todavía continuaba participando en algunas regatas sociales, también lo es que había abandonado mis proyectos de navegación au grande large. Lo de navegar “hasta las letras”, que según un amigo navegante significa navegar hasta donde termina la carta, hasta donde están las letras, e incluso, si uno se anima, continuar navegando un poco más aún, formaba ya parte de mi pequeña historia personal de lo que pudo haber sido y no fue.

Ocupada en la reforma integral de una minúscula casa al borde del… Mediterráneo -recordemos que por mucho que se insista la cabra (de mar) no tira al monte- recibí un whatsapp inesperado:

¿Cómo te van las cosas? Hemos retomado el proyecto de cruzar el Océano. Saldremos en noviembre. ¿Sigues interesada en enrolarte?

Imaginad el efecto bulldozer que un mensaje así puede provocar en una persona como yo, que en aquel mismo instante se encontraba en la marabunta de un viernescomidagratis de Ikea, repitiendo como quien recita un mantra “al que se pierde tres veces en Ikea le convalidan el Camino de Santiago, al que se pierde tres veces en Ikea le convalidan etc. etc.”.
Continuará…
(Espero que sí).

2014-05-04 08.51.04

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Grandes soluciones para pequeños problemas

La primera duda que me surge al redactar el título de esta entrada es si realmente se trata de un “pequeño” problema. Quién no se ha visto en la incómoda situación de no saber qué hacer con un vaso, una lata o una botella en la bañera de un velero.

Teniendo en cuenta la máxima que dice que, a bordo, una mano es para el barco y la otra para ti, evidentemente nos quedan pocas manos para dedicarlas a estos objetos tan necesarios que, una vez y otra también, acaban rodando por cubierta.

Así que, ya se trate de un pequeño o de un gran problema, he encontrado una gran solución para “bricolear” en un barco de madera. Este invento lo descubrí en el velero clásico de mi amigo Edu y me pareció tan logrado y práctico que siempre pensé que venía de origen. La madera, la redecilla, el cosido artesanal… y las circunferencias de diferentes tamaños que se adaptan a los recipientes más utilizados: vasos, latas y botellas (hasta de cava o champagne).

Comparto con vosotros el invento y la foto de Itziar Gorostiaga. Espero que os guste tanto como a mí.

¿Eres un Australopithecus Velerus? 2/2

Visto desde la perspectiva anteriormente explicada, debemos admitir que la vida en un velero es un auténtico salto hacia atrás en el desarrollo de la civilización. La electrónica a bordo y los materiales sofisticados no logran ocultar la realidad: el navegante regresa a una forma de vida más primitiva.

Y quizás lo que motiva al marino sea precisamente eso. La vida en un velero enseña al hombre moderno la humildad ante los elementos. Le ofrece la posibilidad de abandonar una vida ciudadana demasiado racional y sin duda demasiado fácil. Da la espalda a la filosofía del interruptor: un estilo de vida en el que basta con pulsar un botón para tener frío, calor, agua, luz, música, bebida, comida… un mundo excesiva y perfectamente controlado gracias a los pequeños interruptores on/off.

Quizás también resulte más fácil vivir así, haciéndonos preguntas sobre la escasez del agua y el paso del tiempo en lugar de cuestionarnos “¿para qué vivimos”? una vez pulsados todos los botones.

(Extracto de Historias de Partir).

¿Eres un Australopithecus Velerus? 1/2

El Australopithecus Velerus es un hombre o una mujer que vive en zonas cálidas y exclusivamente marítimas. Puede vivir en solitario, pero lo encontramos con mayor frecuencia en el seno de una comunidad restringida, en general familiar.

El Australopithecus Velerus es fundamentalmente nómada. Sin embargo su comportamiento social es tribal. Entre dos transhumancias, su sedentarismo le permite formar una tribu compuesta por  varias comunidades familiares de la misma especie.

Vive semidesnudo y su modo de vida es rústico. Los alimentos frescos y el agua potable poseen un gran valor en la comunidad. La actividad de los machos adultos se consagra sobre todo a la pesca y a la mejora o conservación del hábitat. La hembra adulta dedica gran parte de su tiempo a la preparación de los alimentos y a la educación de la progenitura.

Y aunque el Australopithecus Velerus no profesa ninguna religión identificada, es indudable que venera al viento y al mar.

(Extracto de Historias de Partir).

La vela une pero no iguala

Y el que esté libre de problemas de convivencia a bordo que tire la primera piedra (o lo que tenga más a mano). En general, estamos predispuestos a pensar que el hecho de poseer una afición común, en este caso la vela, es suficiente para garantizar un buen ambiente a bordo. Así se forman tripulaciones de lo más heterogéneas, con importantes diferencias generacionales, socioculturales, de costumbres y de educación, basándonos en que ¡a todos nos gusta navegar! Sin embargo, es un grave error reunir ingredientes que, con un poco de agitación y algo de tiempo, se transformarán con seguridad en un explosivo cóctel molotov.

Durante una regata a vela de algunas horas o días, las diferencias surgen pero normalmente quedan amortiguadas por el objetivo principal de la navegación que es navegar más rápido, con mayor eficacia y a ser posible llegar los primeros. Cualquiera que haya practicado un deporte en equipo lo sabe. No dejaremos que el spi caiga al agua porque el patrón sea un cascarrabias, ni esconderemos la manivela porque el trimmer sea un auténtico petardo.

En donde todo cambia es durante el crucero. El objetivo del crucero es el placer y como a todos nos gusta navegar… Y en esta falacia caemos y cometemos el error de olvidar que, con frecuencia, las horas de convivencia en un barco superan con mucho a las de navegación. Ya no se trata de pasar la manivela al petardo del trimmer, sino que ahora debes compartir tus horas de ocio con él. Y de verdad ¿cuánto tiempo te ves soportándolo en tierra? Hazte esta pregunta y divide entre 2, 3 o más según tu grado de tolerancia y decide en función del resultado si la convivencia puede resultar placentera. No me refiero a posible, porque posible siempre lo es con tal de que una de las partes muestre grandes dosis de respeto y paciencia, pero no olvidemos que el objetivo final del crucero es disfrutar y no hacer prácticas zen de autocontrol.

Confucio nos explicaba que para discutir hay que tener principios comunes. Y, en mi opinión, para una buena y plácida convivencia a bordo, donde irremediablemente surgirán conflictos, es preciso compartir criterios similares con todos o la mayor parte de los tripulantes y no confiarnos en el socorrido ¡a todos nos gusta navegar!