Maneras de dormir

UN SUEÑO

UNA PESADILLA

EN BUENA COMPAÑÍA

UN REFRIGERIO TRAS LA SIESTA

BUSCANDO “ESE” LUGAR PERFECTO

Y ASÍ NO… O ACABARÁS SOÑANDO CON VOLAR 😉

(Fotos de Slow Sailing y Sailbook.pl)

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Un mareo de los grandes

Es evidente la relación que existe entre los navegantes y el mareo. La palabra mareo proviene del latín mare (mar) y la palabra náusea del griego naos (nave) y nautés (navegante).

Escritores de todos los tiempos, desde Homero y Cervantes pasando por Melville o Conrad, han concedido a sus personajes el dudoso honor de marearse con el fin de resaltar lo terrible de las condiciones del mar o la inexperiencia náutica del mareado. El filósofo Anarchasis, siglo VI a.C., nos ha legado la más rotunda de las sentencias: Las personas pueden dividirse en tres clases: los vivos, los muertos y los mareados. Frase que se ha transformado hoy en “vivos, muertos y marinos”, porque, sin lugar a dudas, no hay persona que navegue que no se haya mareado.

Según Miguel de Cervantes, los marineros son gente gentil, inurbana, que no saben otro lenguaje que el que se usa en los navíos, y su pasatiempo es ver mareados a los pasajeros. Probablemente, desde entonces, hemos llegado a ser aún mucho más gentiles porque ahora pasamos el tiempo dando consejos a los mareados, olvidando que no hay nada que moleste más -salvo el propio sufrimiento- que ver las caras comprensivas y escuchar los consejos dispares de quienes nos acompañan.

Es cierto que, poco a poco, la gente de mar acaba por acostumbrarse y la experiencia nos sirve para detectar y prevenir el mareo aplicando trucos que siempre son personales y muchas veces contradictorios. De hecho nos acostumbramos tanto a la mar que es frecuente sufrir el trastorno inverso, el llamado “mal de tierra“, en el que el mareo se produce al desembarcar y sentir cómo todo se mueve bajo nuestros pies.

Recordemos para terminar el mareo de (uno de) los grandes. Bernard Moitessier a bordo del Marie-Thérèse II en su travesía de Durban a Ciudad del Cabo:

Había cometido la negligencia de no hacer una buena comida antes de salir de Durban a causa del ajetreo del día. Bien, pues con el estómago bien lastrado (pero no demasiado) es como me gusta hacerme a la mar. Enfermo y pálido, pronto devolví el desayuno. Después, con el estómago vacío, seguí devolviendo intermitentemente.

A la caída de la tarde empecé a inquietarme; nunca hasta entonces había sufrido un mareo tan prolongado. Persistió todavía durante cerca de dos días, en el transcurso de los cuales ningún alimento consintió en permanecer donde lo había metido. Al final, la cosa casi llegó a divertirme, e incluso intentaba mantener la cuenta de mis espasmos abdominales. 21…, 22…, 23… ¡A ver si conseguía llegar hasta 30!

Estado de Ánimo de Mar Ligero, Emil Nolde

¿Es posible medir el estado de ánimo según el estado de la mar? Así nos lo sugiere el pintor alemán Emil Nolde en sus marinas.

Estado de Ánimo de Mar Ligero (1901)

Este óleo es una de las primeras marinas de Emil Nolde, pintor calificado de imposible (unmöglich) durante el III Reich y participante –a su pesar- en la muestra de Arte Degenerado de Munich.

Estado de Ánimo de Mar Ligero se comprende mejor a la luz de la carta que aquel año envió a su compañera: El mar está tranquilo ahora. Mi alma también descansa. Tan solo unas minúsculas olas rompen suavemente en la orilla y tan solo un fuego muy pequeño brilla allá a lo lejos en mi corazón.

El mar, con sus mil caras cambiantes, es el espejo del alma y Nolde intenta reflejarlas en el número incalculable (muchas perdidas) de acuarelas y pinturas que, con la mar como protagonista, realizó entre 1901 y 1951.

The Heart Reef, el corazón de coral

Guardaba desde hace meses un corazón de coral esperando la llegada del día de San Valentín. Cuando, finalmente, el pasado 14 de febrero me disponía a escribir una nota sobre esta curiosa formación coralina, recibí la siguiente noticia: “Este año San Valentín no existe, queda demostrado aritméticamente”.

Foto de Charcodelocos

Tonerre de Brest!  ¿Y el amor? ¿También quedará cancelado este año? ¿Se hundirá la isla de coral? Me ha costado varios días -hoy es día 22- encontrar la prueba matemática de la existencia del amor (copia y pega la fórmula en el buscador de Google, el resultado te sorprenderá):

sqrt(cos(x))*cos(300x)+sqrt(abs(x))-0.7)*(4-x*x)^0.01, sqrt(6-x^2), -sqrt(6-x^2) from -4.5 to 4.5

Y sorprendida igualmente, y reconfortada, regreso a mi texto sobre esta bonita isla con forma de corazón que se encuentra en la Gran Barrera de Coral australiana…

Uno de los objetivos del primer viaje de James Cook en el Endeavour era buscar señales de la existencia de un continente más austral en el Pacífico Sur, la Terra Australis. Mientras se encontraba cartografiando la costa australiana, el Endeavour encalló, el 11 de junio de 1770, en la Gran Barrera de Coral, que no había sido descubierta hasta la fecha. Durante las casi 7 semanas que duraron las reparaciones del barco, los botánicos que acompañaban a Cook tuvieron tiempo suficiente para realizar la primera gran colección de flora australiana.

Igual puede sucedernos en el amor, en el que un acontecimiento inesperado -no necesariamente contra una barrera de coral- nos regala un tiempo de agradables descubrimientos, que no se plasman en un libro inédito de botánica sino en algo de mucho más valor.

Heart Reef

La isla coralina con forma de corazón, conocida como Heart Reef, fue descubierta 2 siglos más tarde, en 1975, por un aviador que sobrevolaba la barrera de coral y actualmente se ha convertido en un icono natural del amor.


El origen del grog… y ¡un Norte a vuestra salud!

En los inicios de los grandes viajes a vela las bebidas más habituales en los barcos eran el agua y la cerveza. Como no se conocían métodos para conservar estas bebidas, tanto el agua como la cerveza acababan por contaminarse o estropearse. Por eso se acostumbraba a dar a los marineros primero la cerveza y cuando ésta se terminaba se bebía el agua, que se mezclaba con algo de vino o cerveza para disimular su mal sabor.

En 1655, el Vicealmirante William Penn conquistó la isla de Jamaica y a partir de entonces el ron entró a formar parte de las bebidas habituales entre la tripulación.

Pero no fue hasta casi 100 años más tarde cuando nació el grog. En 1740, el Vicelamirante británico Edward Vernon -conocido como Old Grog porque llevaba una capa impermeable hecha de grogam, un tejido confeccionado a base de seda y lana- ordenó que las raciones de ron de la marinería se mezclaran con agua. Con ello trataba de resolver los problemas de falta de disciplina y borracheras derivadas del consumo de ron en los barcos.

El ron se mezclaba con agua en cubierta ante la vigilancia estricta del oficial de guardia y se repartían dos raciones diarias a los marineros. Para mejorar su sabor comenzó a añadirse azúcar y lima, ésta última era además eficaz en la prevención del escorbuto.

Si la utilización del grog como bebida en los barcos llegó a convertirse en una costumbre, su composición nunca fue estándar: algunos capitanes añadían más agua al ron y otros menos. Los marineros comenzaron a hablar entonces del grog según los rumbos del compás, siendo el Norte 100% ron y el Oeste 100% agua. Así un WNW estaría compuesto de dos partes de agua y una de ron, y si un marinero tenía derecho a dos Noroestes (NW) eso significaba que obtenía dos raciones diarias de grog preparado con media parte de ron y media de agua.

Hoy en día, el grog se prepara caliente y aromatizado con canela, azúcar o miel. La receta es la siguiente y a quien no le guste siempre podrá tomarse… ¡un Norte de grog!

Calentar en una cacerola 4cl de ron, 2cl de zumo de limón, 1 azucarillo y un bastoncito de canela (o una cucharada pequeña de canela en polvo), hervir y servir caliente.

Natalie Wood y el misterio de morir ahogada en camisón

Uno de los misterios más famosos de Hollywood relacionados con el mar lo constituye la muerte de la actriz Natalie Wood en 1981 durante un viaje en el Splendor con su marido, el actor Robert Wagner, y su compañero de reparto Christopher Walken. La versión oficial dice que Natalie se cayó por accidente del barco en el que navegaban y se ahogó. Pero ahora, 30 años más tarde, se reabre el caso por las nuevas declaraciones del capitán Dennis Davern sobre hechos que ocultó durante la investigación a petición del propio actor.

Natalie Wood y Robert Wagner en el Splendor dos semanas antes de la tragedia

Según Robert Wagner, ambos discutieron la noche del supuesto accidente y él llegó incluso a romper una botella de vino delante de su invitado y de su mujer. Tras ello, el matrimonio siguió su pelea en el dormitorio. Wagner afirma que después de la disputa con su mujer, ésta se quedó arreglando el camarote mientras él se dirigió donde su amigo para pedirle disculpas por el mal rato. Cuando el actor volvió a su camarote, Natalie Wood había desaparecido. Como el bote salvavidas tampoco estaba, Wagner asumió que su mujer había decidido volver a la costa tras la discusión.

El Splendor

La versión actual del capitán Davern dista mucho de la del actor. Según él, tras la fuerte pelea que el matrimonio mantuvo en su camarote, ambos siguieron discutiendo en cubierta y tras esa discusión, el actor le informó de la desaparición de su mujer.

Natalie Wood fue encontrada al día siguiente a más de un kilómetro del barco en camisón. La versión oficial es que la actriz se dio cuenta de que el bote estaba suelto y, al agacharse para volver a amarrarlo, se resbaló y cayó. Cuando el guardacostas de Los Ángeles le preguntó a Wagner por qué esperó hasta las cinco de la mañana para avisar de la desaparición de su esposa si no la encontraba desde medianoche, él dijo: “Porque probablemente estaba de fiesta en algún otro barco. Esa es la clase de mujer que es… Y yo no quiero que eso se haga público“.

Historias para no dormir… en un barco.

Françoise Moitessier y la gata Sophie: navegantes solitarios versus mascotas

Las relaciones entre los navegantes solitarios y los animales que comparten su vida a bordo -o que aparecen inesperadamente a bordo, como en la historia de amor odio entre Sir Francis Chichester y la paloma Pidge- no dejan de sorprenderme.

En este caso se trata de la navegante francesa Françoise Moitessier y la gata Sophie. Françoise nos lo relata con estas palabras en su libro 60.000 millas a vela:

“Una golondrina se posa en cubierta. Sophie la persigue. Una auténtica cacería. Agarro a la gata y la meto en el interior cerrando todos los portillos excepto uno pequeño a proa donde el animal no va nunca. Por la noche encuentro al pájaro muerto encima de la litera. Me inunda una oleada de rabia y odio. Tengo unas ganas locas de tirar a la gata por la borda junto con el pájaro que ha matado. En un momento se ha roto la armonía y la paz a bordo. Durante 48 horas apenas nos soportamos, es la guerra fría… Me da pena. No come. Yo tampoco. Enferma… Enfermo… Pide una mirada, una palabra de consuelo, una caricia. No puedo hacer nada por ella. Luego siento lástima, se acabó, vuelve la paz. ¿Cómo podemos odiarnos ante este mar tan hermoso?

Françoise termina reconociendo que la soledad le ha llevado a establecer una extraña intimidad con su mascota -intimidad impensable en tierra- en la que encontraba natural dialogar con el animal y del que esperaba sentimientos y reacciones más propios de un ser humano que de un gato.