11 cosas “tremendas” de las chicas en lo barcos

“Tremenda” es también Liz, capitana de los US Coast Guards, que describe en su web once particularidades de las chicas que trabajan en los barcos de chárter. Aquí solamente traduzco los once puntos, para los detalles (y fotos) recomiendo un paseo por su página, eso sí, en inglés: http://www.moxieandepoxy.com/girls-work-on-boats/

1. Arreglamos problemas mecánicos.

2. Lucimos marcas blancas en nuestro bronceado.

3. No sabemos nunca dónde estaremos al final del día.

4. No nos dan asco los vómitos.

5. Somos solucionadoras de problemas.

6. No nos gusta la arena.

Liz dice que es ¡su pesadilla! pero yo prefiero no hacer una encuesta entre capitanes y marineros.

7. Utilizamos términos y señales náuticas también en tierra.

8. Somos unas malhabladas.

9. Ayudamos a otras mujeres.

10. Sabemos dejar pasar las cosas.

11. Podemos trabajar muchísimas horas por poquísimo dinero.

No son tan “tremendas” ¿o sí?

Discusiones de pareja

Sumergidos estos días en la ya clásica discusión de pareja en estado pre vacacional -¿nos vamos al mar o a la montaña?-  yo me he decantado por el mar, él por la montaña. El enfado ha sido considerable porque monamour me ha dejado esta imagen, acompañada de una tierna nota que decía “¿y cómo te ves tú?”:

female sailors

Me defiendo y ataco por el flanco darwinista:

Evolución

-Esto me pasa a mí por enamorarme de una mujer inusual. Seguro que ésta es tu concepción de una pareja perfecta -replica monamour.

Pareja

-Mira, monamour, no sé sí soy una mujer inusual, pero sí de armas tomar… mucha potencia y escasa maniobrabilidad. Para que te hagas una idea, si fuese un barco, sería éste:

monicamaría

Y aquí perdí la batalla. Es lo que pasa cuando conoces a un ex capitán de la mercante.

En la cubierta del barco – K. Kavafis

Ciertamente se le parece

este pequeño dibujo hecho a lápiz.

Bosquejado de prisa, en la cubierta del barco,

una tarde mágica,

con el mar de Jonia a nuestro alrededor.

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Se le parece, pero en mis recuerdos es aún más hermoso.

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Era de una sensibilidad casi enfermiza

y eso iluminaba más su rostro.

Y más hermoso me parece ahora

cuando mi alma lo evoca fuera del tiempo.

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Fuera del tiempo. Es tan antiguo todo…

El dibujo, el barco y aquella tarde.

2013-10-08 14.45.49

Banqueros en el fondo del mar – La Evolución Silenciosa

¿Banqueros en el fondo del mar? ¡¡Pero a dónde hemos ido a parar!!

Afortunadamente no solo hay banqueros. También podemos encontrarnos con profesoras de yoga, acróbatas, carpinteros y guardabosques (profesiones mucho más simpáticas) entre las más de 400 estatuas de tamaño natural colocadas por el escultor Jason deCaires Taylor en las aguas de Cancún e Isla Mujeres.

El proyecto escultórico La Evolución Silenciosa plantea la fusión del arte con la conservación del medio ambiente. Se trata de generar un arrecife artificial como alternativa a los arrecifes naturales mediante esculturas subacuáticas que van cambiando de apariencia a medida que los corales las colonizan y la vida marina se desarrolla entre ellas. Las estatuas, que representan personas de todas las edades y ocupaciones, adquieren vida propia con los cambios constantes de la luz, la vida nueva que emerge y los peces que se adueñan del espacio.

La Evolución Silenciosa es además una obra interactiva pensada y diseñada para que la gente pueda bucear alrededor de las estatuas, observándolas y explorándolas.

Esta obra escultórica trata de hacernos ver que la intervención humana positiva puede facilitar la renovación de la naturaleza. Y, regresando a los banqueros y a las instituciones financieras que representan -en el fondo del mar o fuera de ella-, quizás haya llegado la hora de plantearnos si debemos dejar todo el trabajo de renovación de la sociedad al transcurrir del tiempo o a los peces payaso.

Más información sobre el artista y su proyecto en: http://www.underwatersculpture.com

Cumpleaños en soledad

Acabo de celebrar mi cumpleaños; admitiendo que celebrar sea la palabra adecuada y perro animal de compañía y fiesta. La celebración ha sido en soledad y las felicitaciones escasas: las de familiares, las de amistades de agenda (bip, bip, hoy es el cumpleaños de Menganita) y las de mis compañeros de regatas. En los años anteriores, en los que navegaba más asiduamente por los mares de blogs, twits, tubes, nets, webs, faces y spaces, me llovían las llamadas y los mensajes. Hoy no los he echado de menos.

Hace tres años celebré mi aniversario entre amigos, con mi primera –siempre tenemos que pasar por una- fiesta sorpresa. Hace dos años, enamorada, paseando por los viñedos de St. Emilion. El año pasado en familia y este año sola. En la vida todo es cíclico, todo fluye, y no sabría decir cuál de estas formas de celebrar mi cumpleaños me ha gustado más. Todas aciertan en una fibra del alma.

Me gusta la soledad y, como decía Disraeli, mi modo de ser exige o perfecta soledad o perfecta compañía.

Desafortunadamente no tengo sala anexa a la biblioteca, tampoco tengo biblioteca, ni con vigas ni sin vigas, pero si la tuviera escribiría en una de ellas, emulando a Montaigne:

En el año de Cristo de 2012, a la edad de cuarenta y ocho años, en el aniversario de mi cumpleaños, cansada de las servidumbres de la sociedad, me retiro al seno de las musas, donde tranquila y libre de toda preocupación pasaré lo que me queda de vida, ahora ya consumida en más de la mitad. Si el destino me lo permite, me consagraré a mi libertad, mi tranquilidad y mi placer.

¿Qué tiene que ver esta entrada en un blog denominado mujeres navegantes? ¿Quizás que soy mujer, que navego y cumplo años? ¿O quizás, sencillamente, que el retiro a la libertad, la tranquilidad y el placer es el regalo soñado de muchos de nosotros, los navegantes?

Las rémoras

Rémora:

Pez marino de unos 40 cm de largo y unos 9 de ancho, de color ceniciento, que posee un disco oval de láminas cartilaginosas movibles encima de la cabeza con el cual hace el vacío para adherirse fuertemente a los objetos flotantes: tortugas, tiburones, ballenas, peces grandes, barcos y ¿por qué no? a nosotros mismos también.

Los griegos atribuían a las rémoras el poder de detener las naves. Así, estos pequeños peces fueron los culpables de la derrota de Marco Antonio en la batalla naval de Actium…

De estos poderes “frenadores” proviene el sentido figurado que nuestro idioma concede a la rémora como algo que nos pesa, algo que arrastramos, algo que nos detiene y nos impide avanzar con ligereza.

En términos biológicos las rémoras no perjudican ni benefician a su anfitrión ya que se alimentan de sus desperdicios y no lo parasitan. La rémora se beneficia usándolo como protector y transporte. El anfitrión, en principio, no gana nada de la relación pero tampoco pierde. No obstante, al no aportar nada, puede acabar convirtiéndose en una carga que limite su avance.

Fijémonos si llevamos rémoras adheridas al casco de nuestro barco o a nuestra propia vida.

In facile a virtute desciscentes (fácilmente desviado del rumbo correcto)

Emblemata de Pádua