Las rémoras

Rémora:

Pez marino de unos 40 cm de largo y unos 9 de ancho, de color ceniciento, que posee un disco oval de láminas cartilaginosas movibles encima de la cabeza con el cual hace el vacío para adherirse fuertemente a los objetos flotantes: tortugas, tiburones, ballenas, peces grandes, barcos y ¿por qué no? a nosotros mismos también.

Los griegos atribuían a las rémoras el poder de detener las naves. Así, estos pequeños peces fueron los culpables de la derrota de Marco Antonio en la batalla naval de Actium…

De estos poderes “frenadores” proviene el sentido figurado que nuestro idioma concede a la rémora como algo que nos pesa, algo que arrastramos, algo que nos detiene y nos impide avanzar con ligereza.

En términos biológicos las rémoras no perjudican ni benefician a su anfitrión ya que se alimentan de sus desperdicios y no lo parasitan. La rémora se beneficia usándolo como protector y transporte. El anfitrión, en principio, no gana nada de la relación pero tampoco pierde. No obstante, al no aportar nada, puede acabar convirtiéndose en una carga que limite su avance.

Fijémonos si llevamos rémoras adheridas al casco de nuestro barco o a nuestra propia vida.

In facile a virtute desciscentes (fácilmente desviado del rumbo correcto)

Emblemata de Pádua

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