Françoise Moitessier y la gata Sophie: navegantes solitarios versus mascotas

Las relaciones entre los navegantes solitarios y los animales que comparten su vida a bordo -o que aparecen inesperadamente a bordo, como en la historia de amor odio entre Sir Francis Chichester y la paloma Pidge- no dejan de sorprenderme.

En este caso se trata de la navegante francesa Françoise Moitessier y la gata Sophie. Françoise nos lo relata con estas palabras en su libro 60.000 millas a vela:

“Una golondrina se posa en cubierta. Sophie la persigue. Una auténtica cacería. Agarro a la gata y la meto en el interior cerrando todos los portillos excepto uno pequeño a proa donde el animal no va nunca. Por la noche encuentro al pájaro muerto encima de la litera. Me inunda una oleada de rabia y odio. Tengo unas ganas locas de tirar a la gata por la borda junto con el pájaro que ha matado. En un momento se ha roto la armonía y la paz a bordo. Durante 48 horas apenas nos soportamos, es la guerra fría… Me da pena. No come. Yo tampoco. Enferma… Enfermo… Pide una mirada, una palabra de consuelo, una caricia. No puedo hacer nada por ella. Luego siento lástima, se acabó, vuelve la paz. ¿Cómo podemos odiarnos ante este mar tan hermoso?

Françoise termina reconociendo que la soledad le ha llevado a establecer una extraña intimidad con su mascota -intimidad impensable en tierra- en la que encontraba natural dialogar con el animal y del que esperaba sentimientos y reacciones más propios de un ser humano que de un gato.

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