Annie van de Wiele, una precursora del crucero

“Nací, y eso es ya no es tan malo. Ocurrió el 18 de octubre de 1922 a las 7 horas de la mañana en Gante, Bélgica y llegué al revés”, así comienza Annie van de Wiele su biografía con un personal sentido del humor.

Perteneciente a la burguesía flamenca, sus padres fomentan en ella los estudios y la práctica de todo tipo de deportes. A los 18 años, bajo la ocupación alemana de Bélgica, Annie, estudiante entonces de arte y arqueología, conoce a Louis. Éste, al igual que ella, sueña con zarpar un día para dar la vuelta al mundo en barco. El final de la guerra coincide con su matrimonio y con la construcción de su barco Omoo, un ketch de acero de 13,80 metros y 18 toneladas.

Parten hacia Niza, en donde abandonan su proyecto de travesía griega, dejan el Omoo fondeado para mejor ocasión y se embarcan a bordo del Fleur d’Ocean rumbo a Tahití. Esta experiencia resulta decisiva en su afición por la navegación de crucero.

En 1951, recuperan el Omoo, embarcando cerca de 400 libros – son las dos pasiones de Annie: el mar y la lectura – y con su perro y un amigo de Louis inician un crucero de 2 años que les lleva desde Niza a Tenerife, Barbados, Panama, Marquesas, Islas de la Sociedad, Fidji, estrecho de Torres, Mauricio, Durban, Santa Helena…

A su regreso a Bélgica Annie escribe su primer libro, que se convierte en un clásico de la literatura vagabunda, y con los ingresos que les proporciona su venta inician un periplo sin objetivo definido hacia el Mediterráneo, el mar Rojo y el Océano Índico.

Cuando llegan a Mombassa, Annie y Louis venden el Omoo para poder realizar otro de sus sueños de juventud: convertirse en cazadores en África. Al poco tiempo dan un giro radical y se dedican a trabajar en los grandes parques y reservas africanas como protectores de los animales. En 1962 vuelven otra vez a Bélgica y tres años más tarde zarpan en su nuevo barco Hierro rumbo a las Antillas.

Finalmente, la pareja decide instalarse en tierra y compran un castillo en ruinas del siglo XII, el Madaillan, que restauran y que se convierte en punto de encuentro para navegantes: Loïck Fougeron, Françoise Moitessier, Nicole Van de Kerchove, Willy de Roos, entre otros.

Como vemos, Annie van de Wiele llevó una vida intensa como navegante, aventurera y escritora que la convierten en una gran pionera de la navegación de crucero y de la literatura marítima.

 

 

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