Mi amante el hombre-pez

Sí, sí, sí. Existe. El hombre-pez, el sireno, existe. Queda confirmado y si no me creéis escuchad lo que me sucedió ayer.

A mi marido le gusta hacerme el amor con guantes. Antes de tocarme vigila escrupulosamente mi baño y exige que me frote con piedra pómez de pies a cabeza, me depile hasta el último vello y me enjabone cuanto pliegue y orificio hay en mi esbelto cuerpo, todo ello sin una palabra de afecto o de aprecio por mis encantos.

Pues bien, en mi jardín hay un estanque donde vive un hombre-pez. A pesar de sus cuarenta años de existencia, el hombre-pez no tiene ninguna de las mañas de mi meticuloso marido. Por el contrario, es fuerte como un atleta y lleno de consideración, como deben ser los buenos amantes. No es raro, por lo mismo, que yo prefiera su compañía, y suelo sentarme a la orilla del agua, llamarlo por su nombre, y él sube a la superficie a jugar conmigo.

Ayer por la noche, después de recibir las higiénicas caricias de mi marido, salí al jardín y me eché a la orilla del estanque a llorar. Atraído por mis sollozos, el hombre-pez subió del fondo y, acercándose a mi mano lánguida que tocaba apenas el agua, me besó uno a uno los dedos con sus fuertes labios. Dejé caer un pie en el agua y el pez besó también cada dedo con la misma dedicación, y luego la otra mano y luego el otro pie, y enseguida puse las piernas en el estanque y el hombre-pez frotó las escamas de plata de su vientre contra mi piel. Comprendí la invitación y me dejé caer en el barro del estanque, mientras el atrevido sireno rondaba en torno a mí, acariciándome y besándome y obligándome a entregarme a sus caricias. El hombre-pez soplaba chorros de agua por las partes más sensibles de mi cuerpo y así, poco a poco, me condujo por las rutas del placer más sublime, un placer que jamás he tenido en brazos de hombre alguno y menos aún, por supuesto, de mi marido enguantado.

Más tarde ambos reposamos flotando contentos en el barro del estanque bajo el escrutinio de las estrellas. Y, créedme, porque si non e vero…

(Inspirado y adaptado del Pez frío de Lady Onogoro).

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