“Tal vez sí me esté volviendo una mujer navegante…”, Silvia en el Alea

Le pedí a Silvia – efgaristó🙂 – que me lo contara, que me dijese qué le había llevado a tomar la decisión de partir y cómo se sentía ahora en su nueva vida de navegante, y éstas son sus palabras:

… y un día apareció la posibilidad de hacer del viaje mi forma de vida, y de viajar en un velero… y dije que sí.

Hace ya casi cinco años que nació la idea del velero y más de uno que estamos viviendo a bordo del Alea y navegando por las aguas del Mediterráneo y aun así me cuesta imaginarme como una mujer navegante.

Si alguien me pregunta qué es lo que más me gusta, creo que la respuesta es aprender. Cuando era más joven canalicé ese gusto en los estudios pero llegó un momento en el que me pareció que acumular títulos no tenía demasiado sentido y que debía haber otras formas y la mejor de ellas era viajar.

Y un buen día apareció Johan en mi vida y resultó que compartíamos esas ansias de viajar y que él adoraba el mar… y decidimos que era un buen plan de vida. Al principio me planteé que lo realmente importante no era que me gustara la navegación, bastaba con que no me disgustara. Para mí el velero era un medio de transporte ideal -viajar con la casa puesta- que me llevaba de un lugar a otro pero no conseguía sentir eso que hacía que Johan silbara feliz en sus guardias, sonriera trimando las velas, se quedara hipnotizado mirando el horizonte.

Los mareos iniciales, la navegación fría en invierno no ayudaban pero la recompensa del viaje estaba ahí y me hacía feliz. Hasta que llegó una travesía larga -entre Siracusa y Kefalónica- en la que el mareo no hizo acto de presencia, el sol calentaba en la bañera, el mar nos mecía y el viento acompañaba a las velas y de repente yo también estaba sonriendo y miraba hipnotizada la aparición de la costa griega. A partir de ese momento cada vez me apetece más desplegar las velas y navegar. Me apetece aprender cómo funcionan las velas, cómo llevar la rueda, como dibujar la ruta en la carta.

Tal vez, a pesar de todo… sí me esté volviendo una mujer navegante.

Y como yo encuentro a otras muchas mujeres -aunque casi ninguna española- que navegan con sus parejas, no como meros apéndices del capitán, sino como verdaderas partícipes del viaje. Montones de mujeres anónimas que son capaces de trimar, maniobrar, amarrar su velero. Que comparten las guardias en la noche y las tareas de mantenimiento. Que disfrutan del viaje y de la navegación… como yo“.

Puedes seguir los viajes de Silvia y Johan en http://www.viajesaleatorios.blogspot.com

y ser parte de su historia navegando con ellos en http://www.sailingalea.com

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