Huracán… tenías nombre de mujer

Seguramente te habrás preguntado por qué se ponen nombres de personas a los huracanes, ciclones y tormentas tropicales.

Pues bien, históricamente fueron los españoles los primeros en dar un nombre a los huracanes que azotaban sus colonias en el Caribe. Los bautizaban con el santo del día en que afectaban a una determinada posesión española, por ejemplo, el huracán de Santa Ana o el de San Felipe en Puerto Rico. Sin embargo, el primer meteorólogo que utilizó nombres propios para referirse a un huracán fue el australiano Clement Wragge, a finales del siglo XIX. Para los huracanes más destructivos elegía siempre nombres de mujeres o de políticos que le desagradaban especialmente. Después de Wragge, dicha práctica se interrumpió durante casi medio siglo.

En 1941, en la novela Storm, del estadounidense Stewart, un meteorólogo tenía la costumbre de bautizar cada nueva tormenta con el nombre de una mujer porque pensaba que cada una tenía una personalidad única. Los meteorólogos de la Armada de los Estados Unidos se inspiraron en la citada novela y empezaron a asignar nombres femeninos a las tormentas tropicales del Pacífico durante la Segunda Guerra Mundial en memoria de sus amadas que los esperaban en casa. Cuando terminó la guerra, la práctica se extendió a los huracanes del Atlántico y al resto de las tormentas tropicales alrededor del mundo.

No obstante, las presiones de las organizaciones feministas lograron que a partir de 1979 los huracanes fueran bautizados con nombres alternos de hombres y mujeres.

Como la experiencia ha demostrado que el uso de nombres propios en la comunicación escrita y hablada es más corto, más rápido y causa menos errores que cualquier otra identificación de huracanes utilizada en el pasado, actualmente se utiliza para cada año una lista con un nombre por cada letra del alfabeto (aunque algunas letras se excluyen debido a que pocos nombres empiezan con ellas) alternando nombres de hombres y de mujeres. Estas listas se repiten cada 6 años, lo que significa que los nombres que se usen durante un determinado año se volverán a utilizar 6 años después. Sin embargo, cuando un huracán ha sido extremadamente destructivo, el país afectado suele solicitar que su nombre se retire de la lista y se sustituye por uno nuevo, como ha sucedido por ejemplo con Hugo, Katrina, Mitch, Wilma o Dean.

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